viernes, 4 de mayo de 2012

El que ...


"El que...tiene cien años de perdón."



Las cosas no marchaban bien entre Juan y Patricia, estaban a punto de desarmar el matrimonio que habían formado luego de pocos  meses de noviazgo.
Juan medico recién egresado de la Universidad de Bs.As. algunos días antes de conocer a Patricia, había sido abandonado por Marta  la  novia de su juventud. Estaban de novios desde hacía seis años, ella era con quien pensaba casarse al concluir su carrera, pero todo cambia en la vida y puede cambiar de un día para el otro, y así fue.
Marta se enamoró de otro médico del sanatorio donde trabajaba desde hacía un año cuando se graduó, pues ella se había recibido seis meses antes que Juan...
Juan la amaba con toda su alma y tan mal estaba cuando ella lo dejó, que golpeaba su cabeza contra la mesa de la cocina y solo podía llorar. Así pasaba sus días.
Patricia en cambio era una persona acostumbrada a estar sola, tuvo algunos noviecitos de adolescente y luego encontró un muchacho que ella creyó que  la amaba, durante casi tres años estuvieron saliendo, ella viajaba a Santa Fé a visitarlo pues él era de esa ciudad.
Pero un día el la dejó, se enamoró de otra. Entonces ella, se quedó sola, algo triste, no mucho pues la situación se veía venir...
Un amigo de Juan, al verlo tan mal lo instó a salir a bailar, lo mismo hizo Laura la prima de Patricia, que ese sábado la llevó casi " de prepo" al boliche de Recoleta, donde conoció a Juan.
Patricia,  era de una belleza natural, sencilla, delgada, simple, Juan creyó ver en ella la nueva mujer para calmar su soledad.
Claro que nadie puede suplir a nadie, no se puede reemplazar a quien ha sido tan importante para el otro, eso no lo vieron ni Juan ni Patricia...
Comenzaron a salir con gran entusiasmo, tapando sus penas, ocultando el amor perdido, creyendo que se querían y que eran el uno para el otro.
Tal vez olvidando el amor, se entregaron a una relación que intentaba darles la paz y la alegría que ya no tenían, pero ellos trataron de olvidar intencionalmente.
El casamiento se concretó fácilmente, tenían los muebles de Juan, el auto de Patricia, el berretín por olvidar y la ilusión de que todo era cuestión de voluntad.
Así fue como con un matrimonio de fantasía, iniciaron su vida juntos.
Cumpliendo con el mandato familiar, para vivir juntos había que casarse y si no estaba todo del todo bien, había que dejar pasar el tiempo, que todo lo cura, al menos así decían los mayores.
Lo cierto es que el tiempo muchas veces, no cura nada, que cuando no hay amor se acentúan los defectos y se vuelan las virtudes.
Entonces la compañía no es tal, y el matrimonio, es como una cárcel, donde ambos son carceleros y prisioneros.
Y ninguno puede ser quien de verdad es.
No paso mucho tiempo para que la relación hiciera agua, Juan salía y decía tener muchas guardias, Patricia estaba sola mucho tiempo y se sentía más sola que antes de casarse.
Con los meses, vinieron las agresiones verbales primero, hasta que una noche Juan con un poco de alcohol de más, le levantó la mano a su mujer.
Patricia muy dolorida y enojada, pero segura de lo que debía hacer, tomó sus cosas y se marchó a la casa de su madre, donde pudo tener un poco de calma.
Días antes Juan había hecho un negocio  grande, el dinero ganado, le permitiría comprar un departamento pequeño.
Llegó a casa con el dinero  y lo guardaron allí, las cajas de los bancos luego del corralito y de varios robos, no daban seguridad.
Había una caja fuerte donde ponerlo en casa.
Patricia tenía acceso a la caja, por miedo a los robos decidió, sin avisarle a Juan, poner el dinero en el respaldo de una cama pequeña  de broce que tenían en el cuarto de huéspedes.
Esta cama era su cama de soltera, de hecho el cuarto de huéspedes tenía el juego de dormitorio de cuando no estaba casada.
Pasaron algunos días y Juan se comunicó con Patricia, no hablaron de reconciliación, las cosas ya no daban para más.
Decidieron separarse, el divorcio era lo mejor, no habían tenido hijos y esto les alentaba para decidirse.
Frente a los abogados la lucha principal fueron las cosas que tenían en común, llegaron a un acuerdo, devolverse todo lo que era propio antes del matrimonio y dividir por partes iguales las cosas materiales que hicieron juntos en esos meses.
Juan suspiro cuando nada se dijo del dinero de la caja fuerte.
En ella solo se guardaba ese dinero y Patricia lo no había reclamado, el lo sacaría esa tarde ni bien pudiera, pues habían acordado que el camión de mudanza debía ese mismo día, al término de la reunión, ir a retirar los muebles que Patricia se llevaría ...
Juan accedió y ayudó a realizar la mudanza, quería quedarse solo cuanto antes, sacar el dinero y ponerlo en otra parte, fuera de esa casa, antes que Patricia regresara pidiendo que abrieran la caja fuerte.,
Como si fuera un sueño Patricia no pidió nada.
Cuando se fueron con las cosas de la mudanza, Juan se sirvió un whisky y lo saboreó como un  ganador.
Es que así se sentía, había logrado burlar a la "estúpida de Patricia", ahora si ella le reclamaba una parte, el negaría haber  tenido dinero en esa  caja fuerte.
Todo había salido bien.
Mientras tanto, Patricia reía en su casa, todo había salido como ella había pensado, el dinero le ayudaría a comenzar realmente a vivir.
Después de todo, lo habían ganado" con el sacrifico de ambos" y ella no había pedido llevarse más "que su dormitorio", donde esta noche dormiría comenzando una nueva vida que le permitiría soñar...



Bs.As.04-05-12AluC.G.M.P.Peyrán.-

Antoine de Saint-Exupéry

“What is essential is invisible to the eye.”